La Paral·lel 62 estaba llena hasta la bandera el pasado domingo 15 de marzo cuando Raule saltó al escenario listo para entregar una de esas noches que se quedan grabadas en la memoria colectiva de la sala. El jerezano, con su banda perfectamente engrasada, arrancó primero de nada pidiendo perdon por un restraso que tubo en unos de sus conciertos en la ciudad, en el poble espanyol despues continuo con “Zurdo” y no paró de construir complicidad con un público que llegó sabiendo lo que iba a vivir y se marchó con la sensación de haberlo superado .








Si hay algo que define un directo de Raule es la capacidad de hacer que cada canción funcione como un himno compartido, y anoche lo volvió a demostrar . “La habitación prohibida” y “Colega antibalas” de Limbo fueron los momentos en los que la sala literalmente saltó, con palmas que retumbaban y voces que no dejaron ni un verso en el aire .





Pero el gran estallido llegó con la presentación en directo de “Ninfómano”, el single que abre la era DOPAMINA y que ya suena como el próximo hitazo del flamenco pop estatal .







La gira DOPAMINA se siente como el siguiente paso lógico de un artista que ha sabido crecer sin perder la calle: más producción, más ambición, pero el mismo fuego que hace que cada concierto sea una fiesta popular . Temas de “Zurdo” como la que da nombre al disco sonaron más potentes que nunca, con la guitarra flamenca dialogando a la perfección con el bajo funk y una percusión que no dejó respirar .
Raule no solo canta, conversa con la sala, improvisa y hace que el público se sienta protagonista, algo que en una sala como Paral·lel 62 multiplica la experiencia por diez.














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