Oques Grasses hacen historia en el Estadi Olímpic con una despedida emocionante y multitudinaria

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El viernes 9 de octubre de 2026, el Estadi Olímpic Lluís Companys de Barcelona volvió a convertirse en el escenario de una noche histórica para la música catalana. Oques Grasses ofreció el tercero de sus cuatro conciertos de despedida ante un público entregado, en una cita marcada por la celebración, la nostalgia y la emoción de toda una generación.

Desde el primer momento quedó claro que no estábamos ante una actuación convencional. La banda de Osona afrontaba una de sus noches más importantes con un gran montaje escénico, pantallas gigantes y una producción a la altura de un recinto monumental. Sin embargo, pese a la espectacularidad del escenario, el concierto mantuvo ese carácter cercano y humano que siempre ha definido a Oques Grasses.

El inicio con “Córrer pels camps” fue una elección cargada de simbolismo. Josep Montero apareció acompañado de su guitarra para abrir una velada que, desde el primer acorde, estuvo marcada por la nostalgia y la sensación de estar asistiendo a un momento irrepetible. La canción funcionó como una puerta de entrada a la historia del grupo y como un guiño a los primeros sueños de una banda que aquella noche llenaba uno de los espacios más emblemáticos de Barcelona.

A partir de ahí, el Estadi Olímpic se transformó en una enorme fiesta colectiva. El repertorio recorrió distintas etapas de la trayectoria de Oques Grasses, alternando momentos íntimos con explosiones de energía. “Petar-ho”, “Sta guai”, “Elefants”, “Cara de cul” y “Bancals” hicieron que las gradas y la pista cantaran al unísono, demostrando la extraordinaria conexión entre la banda y su público.

Uno de los momentos más celebrados llegó con “John Brown”, que provocó una auténtica sacudida en el recinto. La respuesta de la audiencia fue inmediata: saltos, palmas y miles de voces siguiendo cada frase. Más adelante, “Cul”, “Passos importants”, “Bambi” y “Molta tralla” mantuvieron el ritmo de una noche que no dio tregua a las emociones.

La parte final elevó todavía más la intensidad. “Cap amunt”, “In the Night” y “Bye Bye” precedieron a uno de los instantes más conmovedores de la noche: “Serem ocells”, interpretada en un ambiente cargado de emoción. Las lágrimas y los abrazos entre el público confirmaron que aquella despedida no era solo la de un grupo, sino también la de una etapa compartida por miles de personas.

El tramo final, con “Torno a ser jo”, “La gent que estimo”, “De bonesh” y “Sort de tu”, convirtió el estadio en un coro gigantesco. La puesta en escena aportó una dimensión visual espectacular, pero fueron las canciones y la entrega de la audiencia las que verdaderamente sostuvieron la noche.

Me marché del Estadi Olímpic con el corazón lleno y con una frase que resume todo lo vivido: gracias por tantos momentos maravillosos y por vuestra música.

Oques Grasses no ofreció simplemente un concierto: construyó una despedida a la altura de su historia. Barcelona cantó, bailó y se emocionó con una banda que ha demostrado que la música en catalán puede llenar estadios y convertirse en patrimonio emocional de toda una generación.

Desde FotoSonora os damos las GRACIAS, Oques Grasses, por las canciones que nos han acompañado, por las emociones compartidas y por haber construido una banda sonora capaz de unir a miles de personas.

Fotografías; Jonatan Jiménez y José Luis Bravo.


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